La muerte de un padre duele profundamente, no se puede describir la sensación de ese salida de quien te dio el gen para luego dejar de existir, no importa cuan súbita o lenta sea la despedida. La despedida de mi padre fue larga, se iba despidiendo poco a poco, lentamente meses después del número 86 de vida. Una de las primeras reflexiones que me ayudaron a entender el dolor de su salida fue que no sufriría más de la neumonía que lo azotaba; el padre es fuerte, lucha, no desea irse, se apega a la vida, al terreno, a su casa, a su cuarto, a su pequeño mundo que en su caso junto a su mujer, mi madre, construyó como único ideal, una casa. Sin tal vez dejar de saberse enlodado por su propia naturaleza masculina, lo cual mantuvo en profunda reserva, muy apartado de nuestra inocente expectativa. Falleció haciendo un extraño sonido gutural, como no pudiendo respirar y queriéndo decir algo que dentro de su lúcido entendimiento pero dentro de la cárcel del cuerpo marchito le impedía articular y no pudo completar, pienso que sus palabras serían: "...hijo, ahora creo que finalmente me voy, ya no puedo más y tengo miedo...", se echó, le dí un poco de agua, no me dí cuenta que se despedía. Salí de la casa, su caricia final fue suave, temblorosa y contemplativa, no la entendí, a los 30 minutos me comunicaron su descanso; mi llanto significó que como hijo fui un avaro,egoísta, individualista y que poco ayudé al viejo a vivir mejor, porque como él vivía en mi propia burbuja. Quizá no aprendí a amar porque mi viejo no fue solidario conmigo cuando era enano, lo fue para verme vivir y me recalcaba sus esfuerzos hacia mí, lo cual valoro cuando una vez me sacó del ejercito en tiempos del terrorismo, me dijo llorando : "para mí ya estabas muerto" y me lo repitió luego de 30 años. Algo que agradeceré eternamente, salvo alguna manifestación rauda suicida o violenta mía, de otro modo, me iba a Ayacucho y volvería en un cofre, no escribiría esto, pese a todo impulso en pensamiento por acompañarlo y en verdad, con rareza, siento que me observa desde algún rincón.
La segunda reflexión que allano es que mi sentimiento de culpa ha sido pensar en lo ínfimo que somos y en lo cobardes que nos hemos convertido como hijos y en tanto como parte de nuestra especie. Mi padre nunca fue creyente, no iba a misa, no creía en supersticiones, ni temas paranormales, ni cariños, nada de perros ni gatos, los detestaba. Fue un hombre cuya practicidad se resumía en una buena comida, un ají, una cerveza, los amigos, la familia, renegar de la nada, cortar árboles, mostrar su fuerza, amar y fastidiar a mi madre. Duro y espeso, cariñoso y bruto chambeador. Antes de que muera no es uno quien se da cuenta de que ya se empieza a despedir, es una extraña intuición manifiesta en ciertas señales alrededor que advierten su partida, una melodía, un libro, un sueño, un encuentro, un olor, un recuerdo. Mi padre no se dejó engañar, solo él engañaba sus propias angustias, de una manera advertí con tristeza y confirmé solo por boca de mi madre sus salidas nocturnas. No me duele, soy hombre y lo entiendo, me las olía desde adolescente, cuando solo una vez en su vida me dijo: "hijo, haz tus vainas afuera, no en la casa", en donde solía convivir con la madre de mi hija. Esto me ayudó a entender mejor mi masculinidad y en contraste la importancia de la femineidad como condición humana, necesaria. Solo la relación tan tirante de mis padres la entendí tal como una micro idea de la guerra. Los conflictos permanecían, y sus pobrezas las repartían por todas las paredes del hogar que se impregnaron de ella y se nos pegostearon las alas.
Eres huérfano, es el tercer punto, te vas quedando más en la condición de independencia física en la medida que la incorporación del padre subyace a tu cuerpo. Rápidamente fusionas su pensamiento, mi experiencia es esa, soy padre entre varios más que son mis hermanos, presumes el rol y te interrogas con enojo acerca de la corta estancia que la vida te otorga para tal o cual tarea no identificada, se extiende un entendimiento mayor del valor que posees para terminar una tarea que a lo mejor tu padre no pudo o no quiso pero que hubiese querido ver impregnada en tí como el logro tuyo que siempre quisiste para enorgullecerlo, Ser alguien que él quería, exitoso. Eso no se dió. Se rompen los controles y puedes enfocar un camino diferente, venciendo la culpa que te embarga, sus miedos heredados, sus cóleras heredadas: conviertes el vidrio molido de sus huesos del nicho de cemento en un nuevo lago; por ahora no tengo certeza solo estas conjeturas sobre la muralla.
El dolor repito, es un lastre, es irreversible, el mejor padre puede matar con su muerte al hijo más agradecido, el hijo menos agradecido puede entrar en ira contra el mundo por no haber sido el buen vástago para su difunto y en tu pensamiento si sabes que fue un buen padre, las contradicciones están en reciprocidad. La muerte del padre hace reciproca las relaciones, no físicas, pero advierte que no te queda mucho tiempo, la señal es clara, la cama nos adormece, los años se recortan y la teoría popular de que cada año pasa más rápido que al anterior es real porque es proporcional a tu experiencia. La sensación de sorpresa es distinta, varía, en comparación a un segundo que un niño disfruta como una eternidad. Evalúas las cosas que has hecho de ti mismo para transformar un poco tu entorno. Tu padre no debió haber muerto en vano. El viejo mejoró el suyo, se le fue la vida en ello, porque en mi caso, mi padre se valió solo, sufrió el abandono y a mí hoy me "abandonó" también. Vale la pena el dolor el llanto, la despedida, la cólera, la rabia y la aproximación hacia los complejos para notar que sería mejor orientar tu vida hacia un solo fin en donde su muerte te exige otorgar tu mejor sonrisa antes de que nos cruzemos la muerte, él y yo.
lunes, 24 de octubre de 2016
sábado, 29 de noviembre de 2014
jueves, 17 de abril de 2014
"Ritual de lo Habitual"
En honor a un gran album de la banda californiana "Jane's Addiction". En esta obra
la imagen es la traducción visual de los demonios internos que pueden
ser trascendidos por el ser para un mejor contacto con la vida y e
ritual místico interior. La obra destaca el aspecto del hombre que
afronta la vida venciendo el temor a la realidad nítida. El violeta,
el verde y el gris infunden este deseo transformador, naturalista y
polarizante que orienta al individuo hacia dimensiones internas más
armónicas y reflexivas.
martes, 11 de marzo de 2014
"Yo no practico Santería". Mixta. 120x100cm.
En este trabajo, critico el tema de la religión impuesta, sin dar tampoco crédito a las pseudo-religiones, en sí cada uno es dueño de sus propia presunción sobre la vida y la existencia de algo o alguien superior. Esta virgen -si se puede llamar así- expresa ese universo interno que cree en sí mismo y en una religión que unifique los campos individuales y colectivos de la tolerancia, de la belleza y del encuentro interior.
domingo, 22 de diciembre de 2013
viernes, 12 de agosto de 2011
Garbage bin (tacho de basura)
Paint creado en momentos en que no soportaba la estupida burocracia del sistema educativo nacional. En momentos que voy a exponer mi tesis de maestría me sabotean con una pendejada en que dos jurados al ultimo minuto se habian enfermado. El peor enfermo he sido yo carajo. hasta la nueva fecha de sustentación.
domingo, 9 de mayo de 2010
El Matrimonio : ¿Mito o Valor ?
Todos queremos estar dentro cuando estamos fuera, y cuando estamos dentro pensamos que desde afuera se piensa mejor el estar adentro. Sin embargo desde adentro hacia afuera el desarraigo de uno de los dos puede ser mayor.Un amigo me contó la anécdota que queriendo largarse de éste teniendo poco tiempo de casado se fué de nariz cuando al cabo de unas semanas tenia que cantar al pie de su cama un tema de Alejandro Lerner: "Te necesito Aquí", a pesar de que las cosas entre él y la mujer iban patas arriba. Para esto la esposa ya había entrado en juicios y cuestiones legales -con base en el despecho- que arrebataban toda esperanza de un encuentro amistoso o de una lucha por el intento de poder volver a unirse con la razón y el corazón. El hombre nunca pudo comprender bien los objetivos de la esposa y ésta al parecer tampoco las de él ni antes ni después de casarse. Pero ¿qué era eso que realmente ambos deseaban, en común?: bien simple: una casa. Adentro, por instantes, se peleaban en voz alta. Él recibió una paliza y ella a cambio careció de sus cariños. Aún asi se quiso salir adelante. Nadie se preocupó por ese matrimonio; si se iba a pique o se elevaba por encima de las montañas de la felicidad era solo cuestión de dos, empero, esto se hizo cuestión de cuatro. No se decidió vivir lejos de los suegros, cuya hija al contrario de una rutina matrimonial normal fuera de la placenta maternal y adormecedora de la casa se alegró al saber que el hombre venía a vivir con ellos, ya que casa propia no había aún. Esto determinó el fracaso. Casados entre cuatro, sin espacios ni independencia, ni dulces miradas.El matrimonio se vive, se hace o deshace en la convivencia, en la tolerancia, en el aguante por ganarse un espacio en la tierra, en el tira y jala, al empujar el carro observando a tu pareja convertirse en la amiga más cercana y hermosa jamás vista dentro de un espectro social de una Lima que es agria, peligrosa y desenchufada, donde las mejores esperanzas de vida, de contención y de estabilidad emocional te las da justamente tu pareja. Este amigo tuvo que claudicar fundiéndo únicas, aburridas y absurdas batallas en el poder judicial.
¿Cúal es el valor del matrimonio?, ¿el mito alrededor de una saco negro y un ajuar blanco perla en un día de fiesta?. Si alguien vió el documental "La Marcha de los Pinguinos" seguro se dará cuenta que este animalito tiene mejor sentido de lo que el matrimonio significa cuando cada uno, macho y hembra, comparte roles y responsabilidades en temperaturas feroces para realizar la hazaña de dar vida y formar a un diminuto pinguino en el centro del recio polo ártico. Una hazaña de amor, comunicación y evolución natural.
He aquí un valor, que ni la tentación más pagana y sanguínea podría romper o el diablo mejor disfrazado de manzana chilena torcería. No es un tema de negocios precisamente sino un acto de compromiso, de valor y desición por un hermoso objetivo en la vida y que hoy en día constituye el único pilar seguro de la especie humana: la familia.
Texto: Ademar Díaz Aparicio
(Imagen: Adan y Eva, Instalación del artista judío Damien Hirsch)
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