En solo una noche recordé todo, todo, su olor, su mirada, sus gritos de adolescencia atrasada y de jodidas contorsiones mentales. A aquella mujer, no solo la recordaba, de cuando en vez, sino que la quería con demasiada profundidad, a veces pienso que me leía en ella. Estaría su rostro por algún motivo adormecido en algún cajón del subconsciente donde los sentimientos más agudos se archivan, pero no en la hora de esa medianoche cuando se hizo plausible en la mente de mis emociones; incontrolable, creo se modeló y me enmarqué junto a ella adentro de aquel paisaje que con delicia, una rama de arbusto la dibujaba, la adornaba, enriqueciendo su tierna y maligna sonrisa; no puedo dejar de pensar en sus pensamientos más intensos, oscuros, de demonios escondidos; en qué pensaría después de tantos años, fueron 15 ?, fueron 20 ?, como al contrario, ella fingiría decir "ya ni me acordaba", yo le decía, "casi lo recuerdo", aunque tengo la tesis de que este recuerdo estuvo debajo del velo del reciente presente tecnológico, siempre vivo en un cuarto de anticuarios. De alguna manera su oculta y tierna mirada de compleja agresividad o de gata indefensa denotaba un espejismo reflejo de mi propia conducta humana, salvaje, asustadiza y enconada.
Esa noche, aquella única noche, nos juntamos, bebimos, sonreímos nerviosamente, ene anécdotas, cosa nueva de como dos nenes en un parque a las 6pm recordando cada blasfemia que hicimos en aquellas paredes impregnadas de arte y pinturas sin sentido lógico sin en realidad haber hecho nada mas que mirarnos con deseo. Ella temblaba, solo un poco, aquello me gustaba, yo controlaba mis gestos pero a cada rato observaba la forma de sus ojos, tan perfectos, tan ideales, como aquellos ojos que soñaba cuando veía a la actriz Terry Farrel de la serie "muñecas de papel" allá por el 87, la veía a ella solo para enamorarme de esas cejas perfectas soñando tocarlas con mis lengua algún día cuando ya sentía excitaciones románticas a mis 14 o 15 años perplejo por la televisión, y, las descubrí encajadas sobre dos diamantes hace 25 años atrás y la noche de ella.
Entonces me contaba su vida fuera de Lima, en algún país frío de Europa, gélido pero pujante, sobre cómo había construído un nuevo hogar lejos de su perturbadora Lima, el pasadizo del emigrante que no soporta al limeño hipócrita y puñalero, ella lo consiguió, con un pasaporte legal: el amor afuera. No hay posibilidad de llegar mas allá, vino a vacacionar como lo hacía según dijo una vez al año, pero este año, escogió verme, no quiero profundizar, seguro escogió hacerse un recuerdo, soslayo, o el amor en el aburrimiento de la rutina de un país de Europa donde el pragmatismo cuasi monótono de trabajo, familia-casa con pocos vicios para empujar el coche financiero aunque con lánguida tranquilidad y extremas lunas, y sol rabioso.
5 cervezas pequeñas, lo que no pensé, pero imaginé: un beso largo, un par de labios demasiado carnosos para no tener que quejarte en tu vida que no besaste labios tan deliciosos alguna vez, eran en realidad volverlos a besar, después de 25 años no solo despertaban aquel viejo sentimiento, seguían los besos y pensaba, su estilo no cambia, porque mierda empiezo a sentir cariño tan rápido, si antes de la mano y adentro del cuarto esto es solo sexo, o a lo mejor tendría ese destino; estos besos nos llevaron al principio de la historia a una zona más escondida del conocido pub miraflorino, más besos con arrechura mientras descubríamos que los cuerpos más se calentaban en la atmósfera de vid y muerte, de infidelidad y de una sórdida extrañeza por unas cuantas horas de perfecto afecto. Su mirada lasciva total, tímida o fingida se querían deslizar por mi pene aun cubierto por un pantalón directo del trabajo, no me había arreglado ni bañado, ni echado perfume, ella si, olía rico, hermosamente exquisito, dama de 45; medio perplejo porque no quería imaginar que ella venía pensando en algo mas allá de lo que yo condicionara, una conversación o solo un beso.. cuando dos noche anteriores solo habíamos visto un Cerati falso con unos amigos y de ahí todos nos guardamos, la celosa circunstancia la llevó a guardarse. Pasé a través de una ventana del tiempo a un violento salto de agarres, de ternuras y malicias. Ella y el anillo hacía lujurioso el previo provocador en el diálogo: "¿haz estado alguna vez con alguna mujer casada antes?" después al aro ya no lo vi, o no lo rocé con alguna parte de mi pegajosa y extraviada piel.
Se me presentaba apurada, me enredaba en su confusa y conocida forma de controlar la guerra entre sexos opuestos en la escala moral, me preguntó "¿que haremos?", yo: "vamos aun lugar más tranquilo". Estilo de un encuentro de dos civilizaciones era invadirnos hasta el cansancio; pero no nos cansamos, fue lo más penoso, cuando llegas a la cima del encuentro corporal, es cuando mas rápido te bajas del taxi hacia la carretera del quejido por esa pizca de amor que se escapaba por presión de un bebé y un matrimonio por detrás que conmigo no tenía nada que ver, a no ser como depósito del diablo de la belleza. Le dije : "Eres bella, muy hermosa", me dijo, " ya estoy vieja...a mi me han dejado de decirme así hace tiempo.." con ojos húmedos. Creo ella nunca me quiso cuando era mocoso, le gustaba patear fuerte, hacer vainas solapa, yo la quise, pero era insoportable, las circunstancias eran otras, dos jóvenes orates, aprendices de artistas y amantes que nunca saldríamos del fantasmal claustro del rol entero de la inseguridad de padre y madre represores, el cual también remembrábamos: condiciones que crea al artista y su intrincada complejidad, manifiestas en un acto de rápido e intenso calor, excitación, sudor, campos táctiles de poros y frotaciones detallistas, azarosas y dolorosas, con el pubis golpeado y 6 labios degustados a fuego lento en la cortedad del tiempo, no había razón para acabar, solo razones para amanecerse pero así no fue; concluyó la noche, diciéndole yo: "Necesitaba besar a alguien", minutos antes me dijo "acaso no has tenido chicas bellas?", seguramente no, no como tú capricornio.
Imagen: "La Hija de América". Óleo sobre lienzo. 100 x 120. Obra de lenguaje abiertamente social en todo caso político y de interpretación sexual afín a mi modo de visualizar la incesante realidad de dos hemisferios que no agotan las crucifixiones, o dos zonas cuya lectura indistintamente sea de izquierda a derecha, hombre y mujer sobre la borrosa plataforma bélica y moral, sirva de objeto para cuestionarse si nuestros propios mapas mentales la reproducen; dejo al cóndor reposar sobre la libertad impregnada de cientos de etiquetas que la empoderan desacralizándola.

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